Lisboa ha temblado por Todos los Santos.
Eso traen los correos, mi querido Herr K.
El lugar humea en ruinas, los caídos
se cuentan por decenas
de miles (hay quien dice que sesenta,
quizá setenta mil) y por toda la península
la tierra se ha cobrado
fuerte diezmo de cristianos y cascotes.
Pero el pueblo lisboeta se ha llevado lo peor:
un encono que abruma, una saña admirable
cuyo método os obliga a dudar de su vesania
ha asolado la ciudad: Lisboa es lo que resta
después de que su suelo
se haya quebrantado con temblor nunca sentido,
y las llamas de decenas
de incendios reducido
las ruinas y los cuerpos a cal viva,
y el océano baldeado por tres veces las cenizas
y los muertos y el escombro
apagando los incendios y la cal.
Son los veinte primeros versos de El temblor [Lisboa, sábado de Santos de 1755] de Juan Carlos Gea. Acaba de ser editado por Ediciones Trea en su colección «poesía».
